La obtención del autogobierno
no fue fruto exclusivo de la coyuntura del Estado de las Autonomías.
En su origen hunden sus raíces numerosas paternidades: desde la
recreación intelectual de un «ser aragonés»
y de una identidad, planteadas desde múltiples ópticas,
hasta los ensayos —bienintencionados los más— en torno
al reconocimiento de Aragón como entidad administrativa y política:
en el siglo XIX, los liberales y progresistas enamorados de la tradición
pactista aragonesa, los republicanos federales y los regeneracionistas;
en las primeras décadas del XX, los regionalistas de la burguesía
zaragozana, los aragonesistas de la emigración en Cataluña,
los republicanos autónomos, los esperanzados en una recuperación
económica, los utópicos asistentes al Congreso autonomista
de Caspe en 1936...; y, ya en los estertores de la dictadura franquista,
los que basaban sus tesis en la creación de una Mancomunidad y
aquéllos que veían en la autonomía aragonesa una
parte vital del futuro Estado democrático a conquistar.
De ese crisol, en el que se
añadió un importante aderezo en forma de recuperación
de la conciencia aragonesa, de iniciativas culturales y editoriales, de
formulaciones políticas autóctonas y otras asumidas por
partidos de implantación estatal, teñido todo ello de reivindicación
popular... surgieron poco a poco, con luces y con sombras, las condiciones
que permitieron a Aragón disponer de un texto articulado para su
autonomía. Un texto al que se ha ido dando contenido, sobre el
que no ha habido unanimidad, y que ha sufrido reformas porque todo es
perfeccionable... pero que es, al fin y al cabo, el Estatuto de todos
los aragoneses.
Dar a conocer todos estos
pormenores citados, con una clara vocación didáctica y divulgativa,
es el objetivo básico de la Exposición «Historia de
la Autonomía de Aragón». Una Historia que se empezó
a edificar hace ya muchos años —más que las dos décadas
largas de vida de nuestro actual Estatuto—, y de la que esta muestra,
más allá de suponer un importante canal de conocimiento
de nuestro pasado, debe constituir un cauce de análisis y reflexión
acerca del porvenir.